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  • Raquel Parra Ortega

Empodera tu palabra para ser feliz



¿Qué pasaría si exploraras tu consciencia? ¿Cómo? Puedes empezar por observar la forma en que hablas, evalúa si lo que dices se parece a ti. Parte del poder creador de los seres humanos radica en crear realidades a través de las palabras.


Nunca subestimes el poder que tienen tus palabras, pues ellas determinan tu entorno social, laboral, familiar e íntimo. Todo lo que declaras verbalmente va accionando contratos en tu vida.


1. Cuida lo que piensas


El primer paso es cuidar lo que piensas. El pensamiento es la célula de la palabra y la palabra es la estructura de la realidad. Si cuidas lo que piensas, cuidarás lo que dices y de este modo cuidarás la energía en tu entorno. ¿Qué realidad mereces? Tu pensamiento y tus palabras crean tu realidad, y mereces una realidad digna.

Al observar tu pensamiento integras tu sentir, esto te dará clara coherencia interna la cual se reflejará al hablar; las palabras son la materialización de tu pensamiento. El resultado será la realidad que de verdad se parece a ti.

2. Escucha


Baja tus niveles de reactividad. Muchas veces nos apresuramos por contestar sin tomarnos el tiempo para de verdad analizar lo que entra por nuestros oídos, procesar el pensamiento y finalmente contestar. No es cuestión de oír y contestar. Tómalo como un ejercicio de amor: escucha para sentir, para ver de verdad cómo se siente quien te habla o te pregunta. Trascender las palabras y entender qué de verdad te dicen. Esto es un ejercicio que debemos hacer frecuentemente con las personas a quienes más amamos, en especial con nuestra pareja y nuestros hijos; sobre todo en el caso de los niños, un “no quiero comer” o “no quiero ir a la fiesta” probablemente pueda traducirse en la realidad como “estoy triste”, “no me siento bien con mis amigos”, tómate el tiempo de ponerle corazón a tu escucha.

El tener una buena relación con el hecho de escuchar te permitirá tener un accionamiento de palabras con carga positiva y esto se verá reflejado en tu entorno. Una respiración antes de contestar puede llenarte de las palabras más certeras.


3. Aléjate de los deliberados

“Yo soy sincero y digo lo que pienso, a la cara... duélale a quien le duela”; de seguro más de una vez has escuchado una frase parecida dicha por alguien o tal vez por tu propia boca. Es importante reflexionar sobre esto, el ser sinceros es un aspecto pertinente, muy por el contrario dar consejos gratuitos o, peor aun, soltar frases deliberadamente sin importar lastimar. Las palabras pueden ser de doble filo y girarse en contra de ti. El amor hacia los otros se empieza a expresar desde cómo nos referimos a ellos, cómo hablamos de ellos, pues las palabras construyen realidades y por tanto debemos ser responsables con lo que decimos.

Aléjate de las conversaciones llenas de etiquetas tóxicas (“esa zorra”, “el vago”, “el innombrable”); drama (“este país es un desastre”); quejas (“¡Todo es una porquería!) y juicios (“ella es una perdida”, “es una mala madre porque viaja mucho”).

4. Presta atención al tono

¿Qué diferencia hay entre esas dos frases?

  • Dame la sal

  • Por favor, ¿podrías pasarme la sal?

En la primera frase lo imperativo se establece en un mandato casi antipático; en la segunda la carga de cortesía de seguro te proporcionará la verdadera “sal de la vida”, esa que te condimenta todo en su punto sin perjudicar el paladar y los niveles de sodio en la sangre. Así debiésemos cuidar el tono de nuestras palabras, pues son ellas el comienzo de la manifestación material de nuestra realidad. Sé proactivo con las palabras, analiza la diferencia en cómo decir las cosas, y poco a poco tu inconsciente lo estará integrando, como resultado hablar en positivo y bendecir será una reacción natural para ti.


5. Habla con integridad

Cuando hablas tus palabras reflejan tu interior. Evita el uso de la palabra contra ti mismo o para criticar a otros. Utiliza el poder de la palabra en dirección a la verdad y al amor. Al estar consciente de esto, nos hacemos libres del poder de las palabras de otras personas hacia nosotros, pues solo tú mismo le otorgarás poder. Tal vez suene contradictorio, pero no lo es. Se trata de entender de que cuando estás en coherencia con lo que dices, estas en coherencia con lo que vives y no habrá ninguna palabra externa que afecte tu paz interior.


Que tus palabras sean un tesoro para ti.


Este texto está inspirado en la lectura y reflexión del primero de Los cuatro acuerdos del doctor Ruiz,

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